Siento que cada ves dejo de creerle al mundo que me rodea, el que se extiende a mi costado pero que no entiendo y aun que en ocasiones he hecho el esfuerzo para encontrarle lógica sin duda no la hay y ahora no me importa. En minutos creo que son unos des-adaptados, que nadie los entiende pero llegan instantes donde por millones de segundos me miro al espejo, escucho lo que el resto opina y soy yo la que no encaja, la que forzosamente espera que los demás le den la importancia que no existe, que por segundos esa grandeza vana me muestra que de nada sirve y que el mundo no me aísla, si no que es mi frenética e imparable manía de ser quien no soy.
Hay veces en la que me siento caer con mis propias pruebas, donde con mis miedos hago trancas de dolor, es cierto no creo en las personas, desconfió incluso de mi misma, creo que más que en el resto.
Me aterran esas decisiones sin pensar, que por más que lo intento no puedo dejar de tomar, en minutos caigo tan hondo que siento ya no poder respirar, que el resto no escucha esos gritos agónicos de ayuda por que mi orgullo es más grande.
Todo cambia lento y fríamente cuando no tenemos esperanza, cuando nos acostumbramos a la soledad, de no sentirnos personas e incapaces de amar, es justo en ese minuto cuando tocamos fondo, en el instante que sentimos que no hay razones de seguir por que el dolor es inminente.
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