viernes, 5 de diciembre de 2014

La Violencia


Hoy en día es un tema tan recurrente que vivimos a cada instante, muchas veces sin notarlo creemos que jamás nos toca, está mucho más lejos según nuestras mentes pero en nuestras manos según la realidad de las cosas.
A cada instante eso incrementa a pasos agigantados en la sociedad en la que estamos inmersos, con situaciones que alimentan cada agresión física y verbal hacia nuestros pares y semejantes. Todos los días el estresante ritmo de vida que llevamos nos intensifica esa agresividad interna que muchas veces no reconocemos porque es tan  nuestra, tan impregnada en nuestros hechos que se vuelve normales.
Vivir la “ley del más fuerte” ya no es solo parte de historias en fabulas o relatos de la vida salvaje en que describen el comportamiento animal, estamos en una selva de cemento en donde orgullos y prejuicios son más fuertes que muchos de los valores que alguna vez fueron inculcados, el deseo de sobresalir ante cualquier precio hace así una sociedad insensata.

Hay miedos, cosas que tememos no cumplir, somos en ocasiones tan intolerantes a la frustración, se nos enseña desde niños a toda costa cumplir nuestras metas y es cuando lo que hoy vivimos muchos sin pudor caminan por encima de otros para lograr sus objetivos, sin importar la forma.

El mundo ya no camina tranquilamente cada vez corre más y más rápido, no espera a nadie, debemos adaptarnos a la locura que nosotros mismos hemos provocado con tanto avance, vamos en un descenso casi imparable, que muchos podrían catalogar como una existencia agónica y desahuciada. Las cuentas, los problemas, los largos viajes y esperas nos están volviendo incapaces de notar las cosas buenas y simplemente nos alteramos por nada, miradas tensas, ganas de decir tanto pero el medio no nos permite.
La violencia es un mal acompañada de muchos otros que poco a poco toca nuestros pies, nos hace perder estabilidad, sube por nosotros, llega a la cabeza y desde allí justo en ese instante nos lanza al suelo a sumergirnos en más de ella, en más de la basura que nos rodea sin parar y así formamos lo que hoy vivimos y con tanto asco miramos sin ser capaces de salir.


Desconfío de la incomunicabilidad; es la fuente de toda violencia.

Estamos mudos, es por ello que nacen tantas inseguridades, somos poco elocuentes en amar, pero mas rápidos en seguir con tanta frustración que nos come y grita desde adentro, vamos como ovejas a rediles marcados por otros, vemos de manera insensata lo que nos toca a vivir sin mucha esperanza, voces que se pronuncian tan bajo sin ser escuchadas desatan un día un golpe, una falta de respeto que se desencadena de algo pequeño y que de pronto ya no está en nuestras manos.
¿Cuántas veces vemos que niños ridiculizan a otros?
Tantas ocasiones solo decimos que es un juego de niños que nada sucede, observamos sin mayor detenimiento que eso define en parte sus personalidades, estamos a la diestra de nuestros hijos, dándoles la cabida de elegir quienes serán, enseñarles a amar y ser grandes personas, pero en ello hay algo que se interpone y es nuestra falta de tiempo, la escasa paciencia en donde se pasa por alto todo y se forman según sus criterios nulos de infantes.
Niños golpeándose entre sí, padres ausentes, familias  mal constituidas por la escases de tiempo, abusos de poder, ejecución del miedo para imponernos sobre otros y sentirse fuertes.
Si estamos tan ciegos para no ver como formamos el mundo de quienes dependen de nosotros, no podremos verlo para nadie, mucho menos arreglar ese estado. Los gritos y abusos los llevamos impregnados en la piel hasta el momento en que aprendamos a ver el ideal del otro no como una amenaza si no como un guía.

La violencia es el miedo a los ideales de los demás.

Seremos lo que permitamos que el entorno nos afecte, viviremos la violencia como algo necesario en nuestras vidas cada vez que nos sintamos amenazados, en cada instante de impotencia, donde la racionalidad paso a un tercer plano por que en los dos primeros se ha posicionado nuestra falta de inteligencia y la ira que va carcomiendo como veneno lento.
Retrocedemos cada vez que ello sucede, criticamos a los seres “no pensantes” como los animales que en tantas ocasiones siguen enseñándonos aun teniendo tanto progreso en nuestras, siguen perdonando y amando de una manera casi inexplicable para nuestras orgullosas mentes.

El derecho a soñar no está dentro de los 30 derechos humanos que otorgo la Organización de las Naciones Unidas pero sin duda es un derecho inminente donde podemos crear el mundo que deseamos con tantas fuerzas, sin más miedo, sin más faltas, sin tener que esconder quiénes somos y sin duda, sino pudiéramos soñar no existiría razón para seguir avanzando, para querer estar vivos.

Podemos cambiar cualquier cosa que queramos, y podemos hacerlo muy rápidamente. Tardaremos como tardemos en decir: "Cambiaré"
-Jeffrey R. Holland.


Solo podemos descontinuar la violencia y el odio hacia lo que nos rodea con la simple motivación de cambiar y el deseo sincero de hacerlo, el amor por los nuestros es más grande que cualquier otra cosa, más que un mal recuerdo, finalmente de nosotros dependen las futuras generaciones y si realmente esperamos seguir transmitiendo ese enorme y frío resentimiento por lo que siempre viviremos.
Yo decido darle mi voz a mi generación que viene en mis  manos para terminar con ese círculo vicioso, que sigue llamando a batallas insensatas.

Finalmente cada uno de nosotros de alguna manera posee su propia tribuna, su mensaje con el cual podamos tocar las mentes de otros para abrirlas aun solo un espacio pequeño, para que las ansias de un mundo diferente les llene de luz, porque no hay ideales en vano solo personas con falta de valentía de llevarlo a cabo.